andre cruchaga, el salvador
Cuando la noche se desplome
Que nos alcance la vida cuando la noche se desplome, Así será posible dormir sobre el césped Y tocar la memoria con los ojos abiertos, Quitarle su vestido al mar Y sobre el lomo de la espuma, ―pupilas verdes de fugaz fuerza—, Respirar gaviotas desnudas hechas espejo.
Cuando las espinas cesen frente al pecho, Cuando la destrucción del mundo Ya no nos abrace Con su conciencia quemante y espeso relámpago, Cuando la vida no doble las rodillas Para convertirse en muerte, Cuando la luz ascienda a los párpados Y los ríos no sean la vena rota y el beso incierto, Cuando el íntimo silencio, sólo sea silencio Y no mordaza, Cuando la brisa sea eco de espigas Y no ventarrón de tierra torturada, Cuando el pensamiento sea total combustible, Y no seco destino del escombro, Cuando calle el miedo en sus absurdas raciones diarias, Cuando se deje de matar secretamente A las luciérnagas Y los cadáveres burlen el tiempo entre matorrales, Cuando ya no se camine sobre llamas sordas De rostros envueltos por fantasmas de huesos, Cuando la neblina ni la felicidad se beban En tazas de petróleo Y las aguas, sin compuertas, bañen a los niños, Cuando la escritura sea materia memorable Para escribir la fantasía de la humanidad, Cuando el hábito oprobioso no hurgue en el espejo, Ni cobije la corrupción con esbeltas cortinas, Cuando el aprendizaje no sea resonante caos, Sino piedra de insaciable contemplación cartesiana; Entonces, sólo entonces, habremos ganado La prudencia del adobe Y restituido la vida Y el lenguaje sin cercos para un presente donde el hongo Del ruido ha sido un vasto ornamento.
La madera cuando no transporta cadáveres, Suena a caballos; tiembla de revelaciones En la sucesiva luz de las ventanas. Cuando la conciencia del día destella en los ojos, La claridad se aglomera en el dintel Frenético del paisaje, Cuando la libertad no es una sortija Con azúcares secretos, No son necesarios sigilosos tragaluces, Sino un mojado portón de mariposas Con el soberano avío del deslumbramiento…
André Cruchaga, de Caminos cerrados.
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Por lobitogabriel - 3 de Agosto, 2006, 8:51, Categoría: poesia
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